Tras unas semanas alejada de la actualidad y de los ordenadores, vuelvo al blog. Estuve un mes caminando hacia el fin del mundo y la experiencia fue increíble. Muchas horas de vagabundeo trajeron a mi cabeza mucha música, pero dos canciones principalmente: sonaba el I’ll Be Gone de Tom Waits cuando por la mañana emprendía el camino y se oía algún gallo de alguna granja cercana, y recordaba el precioso Walk With Me del último Neil Young, Le noise, cuando encontraba gente con la que merecía la pena andar.
Pero mi paso por zona de meseta, con esas explanadas doradas y ondulantes, me recordaron especialmente los compases de Badalamenti para Una historia verdadera. No es de extrañar: ese empeño de Alvin en emprender un largo camino a bordo de su cortadora de cesped es parecida a la locura de seguir caminando, algunos días hasta 35 kilómetros, para ir acercándote a una meta, en principio, lejana. Ir encontrándote gente con todo tipo de problemas, compartir experiencias, sufrir alguna que otra penuria, perderte de mala manera, hallar mejores y peores compañeros de viaje, demostrarte que aunque estás hecho polvo puedes con otros diez kilómetros más… Todo ello constituye la esencia de una buena aventura.
 

Al caminar prolongadamente te diluyes en una especie de abstracción en la que tus piernas tienen vida propia y empiezas casi a mezclarte con el paisaje. Como cuando en la muy particular Gerry, de Gus van Sant, sus protagonistas se convierten en sombras vagando sin rumbo.”¿Qué le gusta del desierto?”- le preguntarán a Lawence de Arabia-. “Que no hay nada” -responderá él-. 

Es andar. Es el viento. Es el sonido de los pájaros. Es el calor. O el frío. Cuando vuelves a la carretera maldices todo lo habido y por haber, pero pronto hay un camino que te adentra en la naturaleza y de nuevo es posible perderse. Fue una gran experiencia.

 

2 thoughts on “Tras un mes de camino…

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *