Alguna vez que otra se ha defendido aquí aquello de que al cine, como al arte en general, le cuesta tener en cuenta la mirada femenina, o tener a la mujer en cuenta más allá de ser comparsa de muchos héroes o mero objeto de deseo. Pues bien, Magic Mike, mostrando las excelencias musculosas del género masculino, no es la respuesta a nuestras plegarias. Más bien la confirmación de que su director, Steven Soderbergh, ha vuelto a ensuciarse plantando películas de fácil germinación en taquilla, asegurándose así la subsistencia en época de proyectos personales, más complicados de hacer crecer.

Alguien capaz de cosas como Traffic, Un romance muy peligroso o El buen alemán no duda en respaldar a Channing Tatumvisto en Step up, Querido John o mostrando su comicidad en Infiltrados en clase– en su intento de contar unas cuantas cosas sobre su pasado de stripper. El actor tiene gracia y es agraciado, y la taquilla norteamericana ha dado el sí quiero.


Magic Mike habla de uno de tantos jóvenes que se deja hechizar por un trabajo que le proporciona dinero fácil, diversión y mujeres. Aquí es el de stripper, pero se podría sustituir por otro: es lo mismo. El caso es que el chico es inquieto y tiene otras ideas de negocio, pero no se termina de atrever a dejar lo que iba a ser una ocupación temporal, hasta que llega una chica con dos dedos de frente y que no le baila el agua y la cosa cambia. ¿Algo nuevo bajo el sol? Nada.


Tenemos, eso sí, una buena factura visual y un montaje que intercala los meses de manera cortante con la que Soderbergh parece decir: no os olvidéis de que el que dirige soy yo. Pero la película se deja ver: diálogos que funcionan, momentos con chispa y algún actor como Matthew McConaughey dándolo todo (posible nominación al Oscar) ayudan bastante. Ahí va el trailer para hacerse una idea.


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